Un cuento por la libertad

Hola a todos.
El siguiente fragmento corresponde a mi libro “Software, Sociedad y Libertad” publicado en el año 2014.
Si os interesa podéis obtenerlo directamente en los siguientes lugares:

Permítanme comenzar mediante una pequeña historia ilustrativa con muchas de las ideas de las que me gustaría hablarles por un simple motivo, normalmente se recuerda bastante bien un cuento o una historia y, lo que pretendo es que al menos recuerde lo que tiene y lo que puede llegar a perder. Al leerlo es posible que se den cuenta de que algunas ideas ya estén sucediendo, o quizás sucedan en no mucho tiempo. En cualquier caso espero que les guste.

Colonia Lightmoon 2099,
Uno de los motivos por los que Jacob fue expulsado de la Universidad Federal Lunar no fue otro que su amor por Olivia, o al menos así es como lo recuerda antes de que las duras leyes del Gran Estado Lunar le sentenciaran a un borrado neuronal parcial de aquellos días. Le prohibieron mantener cualquier tipo de comunicación con Olivia y, mediante una orden de alejamiento se asegurarían de que ambos no pudieran intercambiar físicamente información. Mediante un sistema de posicionamiento ambos estaban controlados, por lo que resultaba imposible dicha aproximación.
Cada vez que Jacob intentaba recordar algún momento de aquellos días un dolor intenso emitido por algún tipo de chip implantado en su cerebro le hacía desistir de cualquier intento. A pesar de los esfuerzos de la ciudadanía, en el año 2052 se llevó a cabo una ley que obligaba a todo recién nacido a la implantación de un chip en el cerebro, incluso se aconsejó a todos los demás ciudadanos a la implantación voluntaria. Aunque su padre, el señor Aiden, decidió no implantárselo, recuerda muy bien como el Estado presionaba mediante publicidad y medios de comunicación tal acto. Nadie sabía exactamente que podía realizar el Gran Estado Lunar con aquellos chips, ya que nunca habían especificado sus funciones. Se conjetura que son capaces de modificar incluso la voluntad del propio sujeto, de generar placer, dolor o cualquier otra sensación, en cualquier caso todo lo que se cuenta es por propias experiencias o quizás inventado.
Esa misma mañana Jacob accedió desde su computadora a las noticias que ofrecían desde el Gran Estado Lunar, aunque prefería llamarlo GEL, quizás desde que decidieron limpiar parte de su memoria. Le llamó la atención una noticia entre muchas otras y, decidió leer el resumen.
La noticia decía así:

“ 28 Mayo 2099,
CIUDADANO LUNAR SENTENCIADO A REESTRUCTURACIÓN
Tras la detección de un mensaje en la Red Social Lunar de un ciudadano que desaprobaba la nueva normativa del Estado Federal de la colonia Moon City, ha sido condenado a una reestructuración completa. Mientras se lleva a cabo la ejecución de la condena se le restringirá todo acceso a la RSL.
El ciudadano tras prestar declaración mantuvo su postura de desacuerdo hacia la nueva normativa que entrará en vigor en los próximos días.
La reestructuración será un proceso en el que el sujeto será sometido a terapia para que este pueda ver de forma objetiva, que la nueva ley afectará de forma positiva a todos los ciudadanos.

Gran Estado Lunar.
Servicio ofrecido por Software Lunar Corporation.”

Le llamó la atención aunque no le sorprendió que en tan sólo unos meses, diez personas fueran sometidas a esta “terapia”, una terapia muy controvertida al igual que desconocida. Por supuesto Jacob sabía que la noticia estaba manipulada por el Estado y los medios, ninguno de ellos sería tan valiente de ofrecer información que no fuera aprobada por el Estado, las represalias y el poder eran tan disuasorias que nadie osaba a plantarles cara.
La noticia le recordó a Jacob su condena y seguidamente el dolor punzante que le recorría todo el cuerpo. No era capaz de quitarse de la cabeza cómo pudo haber llegado hasta ese punto, el perder su carrera por amor. Quizás era hora de replantearse su vida, dar un giro, dejar atrás todo lo anterior y volver a comenzar, pero había algo que se lo impedía. Era consciente que aún estaba enamorado de Olivia, tan sólo pensar en su sonrisa, sus labios tan perfectos que parecían haber sido perfilados por los olvidados dioses, un hermoso pelo liso tan negro como la noche, le hacía sentir feliz por un instante, pero no tardaban en aparecer de nuevo los dolores. La imagen de Olivia en su cabeza y el dolor punzante le hacía sentir algo confuso.
No podía dejar de pensar cómo sería su vida si todo aquello no hubiera pasado, seguramente estaría acabando el penúltimo año de carrera, pero ya no podrá comprobarlo. Fue a buscar a su mejor amigo Peter a su módulo compartido, ya que no podía pagar al Estado uno para él sólo, aunque siempre prefirió vivir con alguien más, así parecía que vivir en la Luna fuera como lo era antes en la Tierra. La Luna para Peter era desértica, sin vida, aunque el Estado se había encargado de fabricar zonas dentro de la colonia dónde pareciese que hubieran animales, pero sabía que eran simples hologramas y eso le hacía sentir igualmente triste.
Jacob llegó por imprevisto así que su buen amigo le invitó a comer, aunque el padre de Jacob les recordaba a menudo que eso no era comida y sí lo que el comió siendo niño, unos vegetales verdes sabrosos, algo de carne y frutas de muchos rincones de la Tierra, mientras que aquello era una pasta marrón imitando la carne. La comida se fabricaba en los laboratorios del propio Estado, dónde en el recipiente sólo se podía leer, “Alimentos Gran Estado Lunar”.
Jacob mientras comía le volvió a la mente Olivia, desde aquel día no sabía nada de ella, así que levantó la cabeza, miró a Peter con dudas y, le preguntó por Olivia, a lo que este le contestó con voz temblorosa que se encontraba bien, que la habían trasladado a otra colonia. Jacob quiso saber un poco más, pero Peter poco le podía ayudar, ya que había establecido con el Estado que no podía hablar nada sobre lo que ocurrió. Su mejor amigo estaba ante un dilema moral, o bien ayudaba a su buen amigo y rompía su silencio, o bien no le contaba absolutamente nada y seguía aceptando las normas del Estado. A pesar de ello Peter decidió asumir los riesgos y facilitarle cierta información aunque fuera poca. Este escribió en el dorso de la mano de su amigo con aquella comida marrón lo siguiente, “ANA”. Fue entonces cuando Jacob sintió un escalofrío, pero no producido por el chip, era algo muy humano. Se había enterado que su amor hacia Olivia no era lo único que le había llevado a esa situación, había algo más. Se trataba de un Acceso No Autorizado, llamado así en la jerga de los informáticos.
Eso significaba que en algún momento que él no recordaba había accedido él sólo o con otra persona a algún servicio sin autorización.
Sólo existía un método para saber con exactitud que es lo que había pasado, entrar en el Servidor Estatal de Recuerdos. Era un conjunto de servidores bajo el mando de Software Lunar Corporation y la supervisión del GEL.
Desde hacía muchos años cada ciudadano tenía una clave de acceso para entrar a su computadora, una clave personal e intransferible, que sólo conocía el usuario y Software Lunar Corporation. Este último mediante un contrato escrito por GEL impide que esta clave sea facilitada a otra persona y, en caso de acceso no autorizado sea el usuario legítimo el que acarree con las consecuencias. Eran leyes duras, por eso los ciudadanos guardaban sus claves bajo llave. Si SLC se enteraba que la clave había sido usada por otra persona se ponía en comunicación directa con GEL para tomar medidas.
En Lightmoon tan sólo una persona podía ser capaz de entrar en aquellos servidores y, no pertenecía ni a GEL ni a SLC, era un estudiante de informática y física, con una reputación admirable. El objetivo para Jacob se había convertido en entrar en aquellos servidores. Para él ya no había más salida, necesitaba saber la verdad costara lo que costara. Estaba dispuesto a darlo todo por saber que se escondía en las neuronas digitales que debían de pertenecerle a él. Puesto que el Estado controlaba cada paso que daba por la orden de alejamiento, Jacob no podía ir físicamente hasta Zak, el informático que podía acceder a los servidores. Así que necesitaba la ayuda de alguien para ponerse en contacto con él físicamente, pero no podían hacerlo de ninguna otra forma, ya que toda la red digital estaba controlada por el Estado. Fue su buen amigo Peter quien decidió dar el paso, así que se esperó a la mañana siguiente aprovechando la afluencia de más personas por la Universidad Federal para ir a hablar con Zak.
No se conocían, así que su amigo tuvo que valerse de sus herramientas sociales para convencer al informático. Estuvieron hablando extendidamente, dónde Zak en muchas ocasiones le negaba la ayuda a tales peticiones. Fue sólo cuando nombró a Olivia, que fue una buena compañera para él, cuando Zak cambió de idea. Todo debía ser perfecto, si algo o alguien fallaba en el plan todos caerían, así que convenía estudiar muy bien cómo entrar en aquellos servidores.
La idea que propuso el informático era la de establecer contacto con la Red mediante un software que se diseñó hace muchos años, durante una época donde el software podía ser modificado, copiado y distribuido siendo esto totalmente legal. A Jacob le sonaba muy remoto y raro y, le preguntó a Zak que si tener ese software era legal poseerlo. No era legal poseerlo y, menos aún utilizarlo, SLC se encargó de que el software con tales propiedades se considerara ilegal. Zak aún poseía una herramienta de desarrollo para modificar el software, la cual tampoco era legal, así que dedicó varios días a modificar el programa para poder penetrar las barreras digitales de GEL y SLC.
Decidieron que la mejor hora para llevar a cabo el plan eran las once de la mañana, hora en que los equipos de desarrollo de la Universidad Federal dejaban a los programadores usar los equipos para el desarrollo de software, siempre bajo las herramientas que SLC había impuesto.
Así fue, a las once de la mañana Zak se encontraba en la sala dónde se disponía a encontrar la verdad sobre Jacob. El informático evadió las restricciones de seguridad del sistema y pudo instalar la aplicación que él mismo había modificado, pudiendo así entrar en el Servidor Estatal de Recuerdos.
Zak se encontraba sudando como no lo había hecho antes, sus manos temblaban, sentía sus propios latidos, pero no podía perder la concentración, tenía que recuperar los datos ahora o nunca, era el momento.
Tras varios minutos obtuvo respuesta, vió en la pantalla holográfica como los datos tan esperados aparecían. Realizó una captura a través su propio software. Zak intentó salir de allí en cuanto pudo y, seguidamente darle la información a Jacob.
Treinta minutos después se encontraban los tres cara a cara y, fue entonces cuando Jacob pudo leer:
“ INFORME ESTATAL
SENTENCIA A JACOB LENTRAZ Y OLIVIA TERZ
El presente informe con autorización del Gran Estado Lunar declara a Jacob Lentraz culpable por compartir de forma ilegal su clave de acceso a Olivia Terz.
Los hechos ocurridos a día 10 de Marzo de 2099 fueron verificados por el ministerio del Gran Estado Lunar tras declaración de Olivia Terz, que declaró como culpable a Jacob Lentraz. La señorita Olivia Terz asegura que tras necesitar acceso a la biblioteca de la Universidad Federal por falta de recursos económicos pidió a Jacob Lentraz su clave para el acceso, donde Jacob Lentraz accedió a compartir su clave.
El Gran Estado Lunar reclama a Olivia Terz 490 unidades monetarias del Gran Estado Lunar al pago del servicio de la biblioteca de la Universidad Federal y, además una compensación de 300 unidades monetarias del Gran Estado Lunar a SLC por incumplimiento de los derechos de autor y copyright.
El Gran Estado Lunar sentencia a Jacob Lentraz a un borrado neuronal parcial de los recuerdos de los días 10 y 11 de Marzo de 2099, una orden de alejamiento hacia Olivia Terz y la implantación del chip de control de sentimientos.

Fecha:
12 Marzo 2099
Firma:
Ministerio Gran Estado Lunar“

Jacob no pudo reaccionar al leer que su amiga y de la que estaba enamorado había preferido ir expresamente a contar lo que había sucedido, implicándolo a él. Se sentía frustrado, a pesar de haber ayudado a su amiga prefirió estar a favor de las restrictivas leyes de GEL y no de la suya.
“He perdido la confianza y la libertad”, pensó mientras se sentaba al mismo tiempo que el dolor punzante se hacía más intenso.

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